Mira

El simbolismo de tu aire
El carmesí de tu sintaxis
La huella empantanada de tu falso camino
La entrometida necesidad del polen
La mordida en la comisura del alma
La noche, escasamente, intacta
Un danzar con los ramajes
Un pábulo de mortal
Una piel hialina
Insomnio pensativo
Deseos exprimidos, comprimidos y vividos
Telar de sueños
Vesania por cada borde
Síntoma de un amanecer noctámbulo

Observarte es un aditamento cuando permaneces
Existes de una manera y de tantas
Un vacío que me consume
Médula subterránea de mi sueño

A ti en el universo, aquí en lo finito
Te observo, me desvelo
Te recuerdo y me vuelco

Mira, que mirarte no es tan simple
Sólo lo hago
Solo
Sin embargo, te encuentro
Y qué pequeño es el firmamento
cuando en ti está todo resuelto.

Carlos Andrés Andrade Torres

Solemnidad

¿Qué será?
En medio de todo,
en medio de nada,
en la nada del todo.
En el socavar de las olas;
y una erosión de lamentos.

!Qué temor este!
El de dejarte sin tenerte,
acariciarte sin sentirte,
pensarte sin conocerte;
dibujarte en el fenómeno onírico
para acercarte en utopía a lo consciente.

Tu recuerdo es un proceso litoral
provocando quebradizos arrecifes
en un panteón que no existió.

Serás…
En la medida de la anuencia del viento
con su roce concienzudo;
la sombra del élitro sobre la roca
despertando el sol;
el llover tras el cansancio del estío
empapando almas.

¡Querida! Es el cosmos
que conspira entorno a ti;
envolviéndote en  un sincretismo
de lo místico y terrenal.

¡Oh!  ¿Qué serás?
De sospecharte ando en cuclillas por los sueños
como el ujier de un estelar, que entre mundos tantos
fuiste por mis ósculos dibujando…
Y en substancias tan etéreas,
que parecían tan confusas, te buscaba
y casi que arañaba la luna.
Me encontré entre partículas varias
queriendo rasgar el infinito.
Como una selección natural
me lanzaste la muerte,
y ante tus ojos me entregue solemne.

 

Carlos Andrés Andrade Torres

 

Talvez no… Talvez

Hálleseme en un desvarío.
Búsqueseme en un desahuciado río.
Sin embargo, ni allí ni allá.
Sólo, y tranquilo, entre los manglares de una pintura.

Talvez no…
La hoja no caiga
El sueño no sea.
El viento no meza.
La lluvia sin presteza.
Un damasco enredado.
Hálleseme en un lienzo asesinado.

Los andenes en vibrante soneto
me contagian hacia bucólico secreto
el olvido de tu recuerdo.
Mondando el viento lo que callo y lo que no,
lo que pienso y lo que creo.

En el desvarío me tranquilizo.
En la búsqueda me repito…
En todas partes.
Y ahora, hálleseme en lo finito.
Deseoso que culmine el perenne mohíno.

Talvez…
La hoja caiga
El sueño sea.
¡Oh!… ¡Que el viento meza!
La lluvia con una urgencia por estrellarse.
El damasco dibujado por tu seda.
Haciendo arte del lienzo con un suspiro eterno,
que me trae en litofania la pureza de tu belleza.

-Carlos Andrés Andrade Torres-

Muerte callejera y otoñal

Sin ser.
Viviendo y muriendo.
Naciendo.
Extinguiéndome sin existir.

Me encuentro en la boca de un túnel
que se expande a lo ancho.
Sumergiéndome a lo largo
de un sueño que en el ocaso se olvida.

Aparezco ruidoso en un silencio abstracto,
con una patología por el movimiento de tus labios… sucumbo.
Sin embargo, hablar de esto o aquello es un disparate.
Hipnotizado, como un palurdo, en el teatro de lo absurdo.

Un algodón seco, oxidado, deshidratado. Espíritu deshabitado.
Árbol de raíz venenosa apretujando frutos podridos que reposan
en jardines destruidos con sus rizomas.
El verano es una sola cosa… La muerte callejera y otoñal.

La luz no llega a iluminar mis sendas ni aparece su ausencia.
Muere el juez redentor. Una meritocracia piadosa e injusta.
Lo mío es un minuto sin segundos, una gota sin oxígeno,
un átomo sin su centro, la nada y tu cuerpo, insospechada, un eterno sufrimiento,
el viento con su cuento, la poesía sonriendo, la palabra huyendo,
el sol a la escarcha diluyendo; dejándola en el laberinto del destiempo.

-Carlos Andrés Andrade Torres-

Corazón coraza

Porque te tengo y no
Porque te pienso
Porque la noche está de ojos abiertos
Porque la noche pasa y digo amor
Porque has venido a recoger tu imagen
Y eres mejor que todas tus imágenes
Porque eres linda desde el pie hasta el alma
Porque eres buena desde el alma a mí
Porque te escondes dulce en el orgullo
Pequeña y dulce
Corazón coraza

Porque eres mía
Porque no eres mía
Porque te miro y muero
Y peor que muero
Si no te miro amor
Si no te miro

Porque tú siempre existes dondequiera
Pero existes mejor donde te quiero
Porque tu boca es sangre
Y tienes frío
Tengo que amarte amor
Tengo que amarte
Aunque esta herida duela como dos
Aunque te busque y no te encuentre
Y aunque
La noche pase y yo te tenga
Y no.

-Mario Benedetti-

Ademanes y males

Como un prefacio al sotobosque de mi alma;
que yace inaudita y cauta
entre manglares sumergida con el alba,
le confieso el terror coyuntural
de observarte.

La mirada como punzón,
hipnotizándome, distrayéndome de
las maravillas orbitales.

La oscuridad sin serlo me araña
rasgándome la piel, ensimismándome.

Los movimientos de meteoros en mi cabeza
me dirigen a la incertidumbre de una fiebre.
A medida que las fisuras de mi ser crecen
me escaramucean los aromas lunares.

El tiempo
misericordioso y siniestro…
el tic-tac envidioso, la evolución casual,
tu mirada tan fugaz, tu sonrisa matinal.

La soledad como una presa noctambula,
un episodio existencial del infortunio.
Pero observar tus comisuras, ademanes y males,
es escapar vertiginoso de la sombra del tiempo
y del espasmódico misterio,
es pausar el cosmos y morir en silencio.

-Carlos Andrés Andrade Torres-

 

Ausencia

La noche es tan sintomática y patológica,

que escaramusea las entrañas de todo ser vivo.

Me adapto a la noche, como el castaño marchito,

como la sombra olvidada del día, como el laberinto

del sotobosque emanando nostalgica agonía.

 

Espero, y ya de estar esperando que aparezca esa bandida nocturna,

la más sincera y real muestra de la luz y el odio viceral, la esperanza y la muerte,

del poema y el lobo, de mí… Luna, esperando que aparezcas.

Un anacoreta en últimas y a lo zumo, embelezado por este desacierto metódico

del insómnio palidezco de tu dimisión por destellar.

 

Y pues bien, no hay forma que exista una noche sin esclavo timorato,

cual torpe apocado, mirando sin hacerlo.

Pero así como no hay estío sin abril, es casi intangible de posibilidades,

decirte que te extraño… Así que no oses juzgarme,

no pretendas si quiera, y mucho menos, compadecerte,

cuando quiero que entiendas; eres una abjuración de mis suplicas terrenales.

 

Sé, déjate ver, aunque sea eso, para sentir desde tu aroma,

que nutre mi alma, desde tu albura acendrada en lo alto,

acompañada de guijarros brillantes en el gigante mar de mi cielo,

y para mi penoso destierro, en la postrimería de cada inútil suspiro,

entregarme a la muerte, agónico y desesperado,

ante la presencia de tu tenue ausencia.

 

-Carlos Andrés Andrade Torres-